Cómo reducir las malas hierbas en el huerto de forma natural y ecológica

Cómo reducir las malas hierbas en el huerto de forma natural y ecológica

Con la llegada de la primavera, comienza la temporada de preparación de cultivos tan queridos y emblemáticos como los tomates, pimientos o berenjenas, por citar algunos. Es el momento para mejorar los suelos y tenerlo todo listo para hacer los trasplantes de los plantines. Una de las tareas esenciales en la preparación del huerto es la gestión de las malas hierbas ya que estas pueden afectar negativamente el desarrollo de nuestros cultivos (no somos muy fans del uso de este nombre para denominar las hierbas silvestres que surgen, entre otras cosas, para proteger el suelo, pero lo emplearemos en este artículo por ser el nombre más habitualmente). En general, las malas hierbas pueden convertirse en un problema si no se manejan correctamente, ya que:

  • Compiten por el agua, la luz y los nutrientes con nuestros cultivos, pudiendo afectar negativamente a su crecimiento y rendimiento.
  • Su eliminación manual o mecánica suele requerir una gran cantidad de tiempo y esfuerzo y, al final, al huerto vamos a disfrutar y no a pasarnos horas agachados, arrancando hierbas que vuelven a salir a los pocos días.
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Los cultivos de primavera/verano serán más productivos si reducimos la competencia por el agua, la luz y los nutrientes de las hierbas silvestres.

En este artículo vamos a presentar alternativas de gestión de las malas hierbas de una forma ecológica y natural, evitando el uso de productos químicos. Si bien los herbicidas químicos pueden ser una solución rápida, su uso conlleva varios inconvenientes, entre los que destacan:

  • Introducen sustancias tóxicas en el huerto, que pueden ser absorbidas por las plantas y afectar negativamente la salud de las personas.
  • Pueden dañar la salud de insectos polinizadores y de otros insectos que hacen una importante labor en nuestro huerto como, por ejemplo, las mariquitas que nos ayudan a combatir al temido pulgón.
  • Afectan negativamente a la microbiología del suelo, reduciendo la cantidad y diversidad de los microorganismos biestimulantes, lo que compromete la fertilidad y salud natural de las tierras de nuestro huerto.

Existen diferentes formas de gestionar las malas hierbas de una manera ecológica y natural, como son:

  1. La eliminación de forma manual o mecánica,
  2. Utilizando acolchados o mulching,
  3. La solarización
  4. y otra alternativa, que es la que vamos a proponemos aquí, que se conoce como falsa siembra.

A continuación, vamos a exponer brevemente las opciones 1), 2) y 3), para posteriormente, explicar en más detalle la opción 4) que, en nuestra opinión, es la que resulta más interesante por su eficacia y comodidad. ¡Vamos a ello!  

1. Eliminación de malas hierbas de forma manual o mecánica 

Una opción común de eliminar las malas hierbas es quitarlas, ya sea manualmente o con la ayuda de herramientas como la azada o el motocultor. Sin embargo, este método es poco eficaz y presenta algunos inconvenientes que cabe tener en cuenta si queremos cuidar los suelos y disfrutar del huerto al máximo:

  • El uso de azadas o motocultores destruye la estructura del suelo, lo que afecta a su capacidad de retención de agua y aireación.
  • El volteo de las capas del suelo, como resultado del uso del motocultor, por ejemplo, deteriora la microbiología del suelo ya que traslada los microorganismos del lugar donde se desarrollan habitualmente a otro donde no encuentran las condiciones adecuadas para su supervivencia. La pérdida de microbiota reduce la fertilidad natural de los suelos y esto es algo que queremos evitar por completo.
  • El volteo del suelo puede provocar que semillas que se encontraban en una profundidad que les impide germinar pasen a capas más superficiales donde si tiene capacidad de germinar, con lo que en lugar de resolver el problema lo estaríamos agravando.
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Aunque son muy populares, no es necesario contar con un motocultor para disfrutar de un huerto sano y productivo. La utilización de esta maquinaria destruye la estructura de la tierra y daña los fauna presente en los suelos (insectos y microorganismos). Para preparar los bancales y gestionar las malas hierbas existen alternativas más eficaces como te explicaremos más abajo.

2. Utilización de acolchados o mulching

Otra estrategia efectiva y sostenible para controlar las malas hierbas es el acolchado. Acolchar los suelos consiste, en esencia, en cubrirlos con una capa más o menos gruesa (puede ser de 5 a 20 cm de grosor) con diferentes materiales, como son la paja, el triturado de madera o la corteza de pino. Al cubrir los suelos de esta forma se evita que se den las condiciones óptimas para que las semillas de las malas hierbas germinen, reduciendo así de forma significativa su presencia. Además, acolchar los suelos es una estrategia eficaz para reducir la erosión del suelo por los efectos del viento y la lluvia que provocan perdidas de nuestro valioso suelo. Los acolchados conservan durante más tiempo la humedad del suelo, algo que nos ayuda a reducir las necesidades de riego y el estrés hídrico que sufren las plantas en los meses de más calor. Por si fuese poco, al cubrir los suelos damos a los microorganismos beneficiosos unas mejores condiciones para que prosperen y se multipliquen, algo super importante si queremos mejorar la fertilidad de nuestros suelos, así como la nutrición y sanidad de nuestros cultivos.

El acolchado también tiene sus inconvenientes y cuestiones a tener en cuenta. Por ejemplo, es recomendable acolchar justo antes o poco después del trasplante de los plantines para evitar que las malas hierbas aparezcan y compitan con nuestro cultivo. Si el trasplante lo hacemos a principios de primavera y acolchamos, entonces es posible que afectemos negativamente la actividad de los microorganismos bioestimulantes y, como consecuencia de ello, nuestras plantas tengan menos nutrientes disponibles. Esto se debe a que el acolchado actúa como un aislante, evitando que los rayos del sol calienten el suelo y, por lo tanto, impidiendo que éste alcance la temperatura óptima para que los microorganismos se activen y realicen su función de descomposición de la materia orgánica (actividad que libera una gran cantidad de nutrientes que nuestras plantas tomarán para desarrollarse y producir sus frutos). Para evitar este problema, lo aconsejable es acolchar a finales de primavera, cuando las temperaturas son suficientemente altas para asegurar que los suelos han alcanzado y superado los 14ºC. La cuestión es que, durante el tiempo que tenemos la tierra descubierta, las malas hierbas aprovecharán para brotar y eso nos obligará a eliminarlas manualmente.  

Otro inconveniente de los acolchados, especialmente si los hacemos con materiales como la paja, es que pueden fomentar la aparición de plagas de caracoles y babosas. A estos animales les gusta permanecer en lugares húmedos, protegidos del sol, y el acolchado les proporciona exactamente estas condiciones, por lo que podemos tener un problema cuando estos “bichitos” decidan refugiarse en el acolchado y alimentarse de los plantines recién trasplantados.   

3. La solarización

Esta técnica consiste en cubrir el suelo con plástico negro para aumentar la temperatura del suelo hasta un punto que la germinación de las semillas se vuelve inviable. Aunque puede ser un método eficaz, no nos acaba de convencer porque, si no se controla exhaustivamente, especialmente en climas cálidos, el suelo puede alcanzar elevadas temperaturas que dañan a ciertos microorganismos beneficiosos para nuestros suelos, algo que como decíamos antes con el uso de herbicidas químicos, queremos evitar a toda costa.

4. La falsa siembra

Este método permite reducir la presencia de malas hierbas de manera natural y efectiva. Básicamente consiste en “engañar” a las semillas de las malas hierbas para que germinen en unas condiciones que no les permite prosperar. Te lo explicamos paso a paso a continuación para que puedas aplicarlo en tu huerto:

  • Prepara el suelo, aflojándolo si está compactado, utilizando una horca o laya de doble mango para evitar voltear el suelo y mantener su estructura.
  • Aporta el abono que vayas a utilizar para mejorar la fertilidad de la tierra y aportar los nutrientes que necesitarán tus cultivos. Si usas un compost de calidad, puedes aplicar unos 2 litros/m2 para satisfacer las necesidades de casi todos los cultivos de primavera/verano.
  • Riega el suelo de manera uniforme y generosa, como harías cuando acabas de sembrar tus plantas.
  • Una vez hecho los pasos anteriores, cubre completamente el suelo con varias capas de cartón asegurándote de que no queden zonas descubiertas. Para evitar que el viento mueva los cartones y descubra el suelo, puedes colocar piedras u otros objetos pesados sobre el cartón. Alternativamente, si no tienes cartones, puedes usar un plástico opaco, lonas o mantas que no vayas a utilizar, por ejemplo.
  • Espera entre 10 y 15 días antes de retirar el cartón. Al hacerlo, quizá veas que han germinado algunas semillas y que hay algunas malas hierbas, por lo que es el momento de eliminarlas manualmente.
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Para cubrir el suelo podemos utilizar cajas de cartón, preferiblemente sin tintas.

Una vez terminado este proceso, ya tienes el suelo libre de la mayoría de las semillas de hierbas silvestres y es el momento de plantar. Para evitar la aparición de nuevas hierbas silvestres tras la siembra, se recomienda aplicar un acolchado cuando las plantas tengan entre 5 y 10 cm de altura (para ese momento lo más seguro es que, como decíamos en el punto anterior, la temperatura ya sea lo suficientemente alta como para que los suelos superen los 14ºC).

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Suelo libre de hierbas silvestre, listo para ser plantado.

Esperamos que te haya parecido interesante esta forma de gestionar las malas hierbas. Si tienes cualquier consulta, no dudes en contactar con nosotros.